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Aculturizando nuestra Fe

Por Sheij Ahmed Haneef | Traducción: Patty Capitaine

Ha habido muchas definiciones de cultura, pero tal vez analizando todos esos significados se puede decir que la cultura es el conjunto de patrones de comportamiento e ideas c generadas a partir de la interacción entre las creencias de una sociedad y su entorno. Este entorno podría incluir cosas tales como las condiciones físicas, sociales, étnicas o históricas que influyen en la sociedad.

La cultura determina nuestro comportamiento instintivo dando expresiones funcionales a nuestras creencias y valores, y funciona como el contexto en el que pensamos y actuamos. De esta manera se vuelve cómodo para nosotros vivir nuestras vidas de acuerdo con nuestras creencias en un entorno subjetivo u objetivo particular.

Por lo tanto, ya que el entorno cambia, la cultura tiene que cambiar también con el fin de restablecer la armonía entre las creencias, el comportamiento y ese entorno particular.

Para las comunidades musulmanas en Occidente la cuestión de la situación cultural del Islam es fundamental en la decisión de cómo los musulmanes se ocupan de su entorno y el grado en el que los no musulmanes aceptan el Islam como una religión indígena, es decir, propia de las personas no migrantes.

El mundo islámico se compone de muchas prácticas culturales agrupadas bajo una cultura islámica que abarca un conjunto multiétnico amplio que incluye a África, Asia, e incluso partes de Europa. Muchos estudiosos han dividido las zonas culturales que conforman el mundo musulmán en las zonas de influencia árabe, persa, turca, africana, indopakistani y malaya, todas las cuales siendo islámicas poseen muy  variadas expresiones culturales del Islam.

Cuando entra en contacto con otras culturas, el Islam tiene una reacción triple. Se aceptan ideas que están de acuerdo con el Islam, tales como la creencia en un Dios trascendente, la vida después de la muerte, el matrimonio como el único marco legítimo de las relaciones sexuales, etc. En segundo lugar, se reinterpretan y se apropian los aspectos de la cultura que no contradicen los principios del Islam, pero son propios de la sociedad y; finalmente, se rechazan las ideas y formas culturales que contradicen sus principios, doctrinas y moral.

Este proceso de aculturación, apropiándose de lo que es conforme a la ética islámica y rechazar lo que no es, en sí mismo comenzó en Arabia con la difusión del Islam en la Península Arábiga. Ahí fueron incorporadas, ciertas prácticas pre-islámicas culturales y costumbres, tales como ciertos tipos de vestimenta pre-islámica como el turbante y el manto o abaya y actitudes culturales, como la costumbre árabe de generosidad para con el visitante extranjero.

Este proceso fue repetido en aquellos lugares donde el Islam tuvo un punto de apoyo o se convirtió en la religión dominante. El proceso de síntesis, confirmación, modificación, incorporación y proscripción condujo a la aparición de diferentes culturas musulmanas unificadas por un conjunto universal siempre omnipresente de prácticas y los valores islámicos. En estas culturas, los principios islámicos y las tradiciones proféticas como fuentes de la gracia divina dominan, pero cada grupo cultural tiene la libertad de realizar sus propias manifestaciones culturales dentro de la tradición islámica.

Entre los diferentes factores que juegan un papel central en esta síntesis es el lenguaje, que es la expresión externa de la genialidad intelectual de un pueblo. El lenguaje también tuvo un efecto poderoso en la construcción de puentes entre el Islam y las culturas locales. En muchas partes del mundo musulmán la interacción entre el Islam y estas culturas se ha traducido en la creación de lenguajes híbridos, como el swahili, hausa y urdu que son mezclas de los idiomas locales y el árabe. Para ser un musulmán con conocimiento en estas sociedades, el dominio de la lengua árabe y la fluidez en el habla de estos idiomas híbridos son todos necesarios. Estas lenguas jugaron un papel crucial en familiarizar el Islam con la población local y contribuyeron significativamente a su difusión entre estas personas.

El Islam en China por ejemplo, se ha articulado en términos de la civilización y pensamiento chinos. El nombre del Islam, por ejemplo, traducido al mandarín es Qing Zhen Jiao, que significa, «La Religión de lo puro y real» en lugar de la palabra «Islam», que en su escritura pictórica y habla cotidiana habría resultado extraño y sin sentido para la gente. Por lo tanto, se establece una conexión entre la religión y el entorno intelectual y filosófico de la cultura china.

Así, en cada área uno podría encontrar variaciones en las expresiones y manifestaciones culturales del Islam, del mismo modo que encontramos diferencias en los estilos arquitectónicos, trajes regionales, en las ceremonias conmemorativas de los ritos de la vida tales como nacimientos, bodas y funerales. De un lugar a otro algunos aspectos de la Sunnah (práctica Profética) se observan, se abandonan o incluso la gente se opone en culturas en las que tal práctica es contraria a las actitudes psicológicas ya arraigadas de un pueblo. Incluso la ley islámica reconoce la diversidad cultural. A través del concepto de ‘urf’ o ‘costumbre de un pueblo’ el Islam facilita a la cultura local el hacer resoluciones que incorporan una amplia gama de comportamientos que son paralelos a la práctica de las normas islámicas. Aunque con menos autoridad que otras fuentes legales y sujeto a la crítica y modificación, sin embargo, el concepto de ‘urf’ es muy importante, porque a través de él la ley islámica considera y valida las costumbres locales y permite a los musulmanes cumplir con ellas.

En cuanto a su integración en la cultura occidental y su «naturalización», el Islam en las pantallas occidentales presenta dos cosas: incongruencia cultural – de ahí la alienación en su entorno -, así como las tendencias hacia su carácter indígena.

Hay muchos indicios de incongruencia cultural, el más importante de los cuales es el dominio de las actitudes étnicas de inmigrantes por sobre las de los musulmanes de origen occidental. Esta es la fuente de la gran mayoría de los males de la comunidad islámica, de nuestra incapacidad para influir en nuestra sociedad, nuestra falta de unidad y cohesión social. Casi todas las instituciones, centros y mezquitas que construimos se construyen más para satisfacer esta necesidad étnica para sentirse como en casa o mejor dicho, para recrear la familiaridad de la madre patria fuera de la misma, en lugar de reflexionar y ayudar a nuestra integración en nuestros países de adopción. Así que terminamos sin la capacidad de maniobrar política y económicamente con éxito como una comunidad en nuestro nuevo ambiente a pesar del hecho de que tenemos un gran número de profesionales entre nosotros, así como la creciente riqueza individual.

Esta alienación ha llegado a reflejarse en algunos musulmanes por otra parte, en una ideología que ve al Islam como una cultura monolítica estrechamente definida por una aplicación literal y excesiva de la práctica (sunna) del Profeta. Sea cual sea el origen de tal práctica que se ampara en la forma externa de la práctica profética, no es del todo islámica. El argumento de quienes sostienen este punto de vista es que, dado que el Islam es una religión y cultura superior, todas las otras religiones y culturas deben ser eliminadas y sólo la cultura islámica, como un conjunto rígido de comportamientos formales definidos con precisión, deben permanecer. No sólo  esta escuela de pensamiento es hostil a su país de residencia, que ellos llaman la tierra de la infidelidad, sino que también es hostil hacia las formas de comprensión del Islam que están en desacuerdo con la suya propia.

Es interesante que en algunos países occidentales, los integrantes de la derecha nacionalista que son islamófobos, tengan la misma idea inflexible del Islam que los estereotipos difundidos por los medios de comunicación, y que ambos se deriven de esta alienación. Este tipo de opinión dentro de algunos círculos islámicos ha dado un impulso a la idea errónea del Islam como una cultura monolítica que es incompatible con el modo de vida occidental y que debe ser reformado con el fin de convivir con la sociedad occidental. Según los partidarios de esta opinión, el Islam debe existir sólo como un conjunto de creencias personales sin ninguna manifestación exterior.

La otra tendencia más positiva y correcta es el crecimiento de una subcultura musulmana próspera, basada en el entorno occidental y orgulloso de su herencia y la práctica islámica. Esta cultura se expresa de muchas formas, desde la comedia, a la escritura de penetrantes libros y artículos sobre el Islam desde perspectivas propias del ambiente intelectual de Occidente.

Tomaría mucho tiempo para que una sociedad islámica indígena se produzca de forma natural, pero el proceso podría recibir asistencia. Para que esto ocurra, se requiere un cambio en nuestra comprensión del significado de la cultura islámica y nuestras actitudes ante nuestro propio país. También se requiere el desarrollo de trabajos académicos e intelectuales locales con un profundo conocimiento de la historia del Islam, las humanidades y la cultura. Deben estar completamente familiarizados con los principios eternos del Islam y la forma de aplicarlos al entorno inmediato, utilizando como base, las actitudes, creencias y comportamientos que son compatibles con el ethos Islámico.

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